VIII. un dios entre insectos

un dios entre
insectos.
otra ruptura en
el cuello del jersey.
cae ceniza.
y no son
conscientes.
vais a dejar
de intentarlo
en algún momento,
les dije.
desiste.
mece el cristal.
otra voz.
va a por un
cigarrillo.
que os den.
se creen sueños
de sus vidas.
de su futuro.
de su destino.
pobres ingenuos.
puto ruido de fondo.
clava las uñas
en el alféizar
de la ventana.
sopla el viento.
otro matorral donde
esconder las armas.
se muerde el labio.
si necesitas del
apoyo de otros para
lanzarte a la
vida; desiste:
ni sirves.
me hace falta
un maldito
cuchillo con el
que destripar
historias.
“mantente erquida”.
mientras sigan
necesitando testigos
de sus logros, de
sus hazañas, están
a la merced de esa
soberbia.
inútiles
humanos, os
arrasáis entre
vosotros mismos,
provocando vuestra
propia perdición.
otro portal abierto
donde la gente
entra, se regocija,
critican en
su cara.
actúa.
otra vibración donde
tiemblan las pastillas.
sólo chocan sus
copas,
siguen la
métrica.
“es consonante”.
otro dilema.
porque no existe
absolutamente
nada.
la servilleta con
restos rojos se
deshace en el
agua.
si te tienes que
plantar durante
horas delante de
un papel pensando
qué escribir; desiste:
no sirves.
no pienses.
se levantan astillas.
la piel raspada
que choca contra
la pared.
no son
nada.
se hunde en
tu mirada.
meditando
tanto por miedo
a hacer algo.
sólo la
grandeza. esa
puta grandeza
que crece
entre todos vosotros.
siguen las reglas,
el miedo
-otra vez-
por un rechazo
moral,
social, no algo
equitativo, una
justicia indeseada.
si ves a los otros
avanzar cuando tú
estás estancado;
desiste: no sirves.
no hay nada.
algo demasiado
oscuro y a
la vez marcado
como para
entenderlo.
ladran.
la aguja sobre
la mesa.
no eres
nada.
cae el fuego.
lo enciende.
más tinta negra.
los controlan
a todas horas.
cae su mirada
hacia su zapato
izquierdo.
tres lápices celestes
chocan contra
el mármol.
pues no.
vuelve a inhalar
el gas.

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VI. Heroes – David Bowie

y estaba loca
por la vida,
y por gritar,
y agitando su
cabeza al son
de la música
avanzaba,
con unas ganas
inoportunas y tremendamente
apresuradas, por
los acordes de
la canción.
esa canción.
esa jodida canción
que animaba a algo
inhumano, que hacía
que su corazón latiera
más rápido,
que le provocaba ganas
de saltar,
que le daba ganas de
reírse en la cara de
esa gente.
“¡estoy viva!”
gritaba.
“¡estoy viva, joder!”
y nadie lo
negaba.
eran ella, los
tentáculos de su
mente y esa
puta guitarra. no
podía evitar gritar
de alegría, de
entusiasmo,
de ese maldito éxtasis que sentía
y que le hacía
alzar los brazos. estaba
ahí, en ese momento,
pisando la
arena, rodeada de
oasis, luchando por
el espíritu.
ese maldito espíritu
que cantaba con
el viento, que disipaba
el sonido.
y entonces podía
ser, por un eterno día,
otro más. simplemente
algo
más.

II. éxtasis

el dorado enceguece.
no sabe dónde esconderse.
cambia el color.
tres cuchillas.
dos gotas de
agua helada.
los pulmones
se hinchan.
hay eco.
resuena.
y resuena otra vez.
un graznido
de júbilo.
éxtasis.
aún no se esconde.
una mota de polvo.
un golpe sordo.
es borroso
y no para de mirar.
ondas de aire.
no.
no es aire.
es el sonido.
una campana
que no cesa.
cambia.
un segundo.
todo oscuro.
pero hay luz.
un leve resplandor
grisáceo se abre
camino.
una bala le
acompaña.
gritos.
seis cuerdas
tensadas.
mucha presión.
se quiebran.
más gritos.
una gasolinera
entre bombillas
rojas.
ya es hora.
se deshace
en el agua.
una vaga
mirada
inunda el sótano.
se corrompe
a un ritmo
lento.
se refleja
en el vidrio.
gotea por
su cuello.
está en un páramo
helado.
respira agitadamente.
se queda
en blanco.
la batería sigue sonando.
¿dónde ir?
no hay camino.
no existen direcciones.
las nubes
lo oscurecen.
alivio.
ya no hay dolor.
las arterias
se colapsan.
se agrietan levemente.
no hay un sistema.
todo es indefinido.
vuelve a inhalar
el gas.